A menudo, la grandeza de Nuez no se mide por sus horizontes, sino por lo que ocurre a ras de suelo. Más allá de las setas que llenan nuestras cestas en otoño, existe un microcosmos fascinante, invisible al ojo apresurado, pero lleno de formas, colores y texturas de otro mundo.
Para entender lo que estamos viendo, es necesario romper un viejo mito: los hongos no son plantas. Aunque broten de la tierra, no pertenecen al reino vegetal. Los hongos forman su propio reino, el Reino Fungi. A diferencia de las plantas, no realizan la fotosíntesis; son los grandes recicladores de Nuez, encargados de transformar la materia orgánica muerta en vida nueva para nuestros suelos.
En esta sección, nos adentramos en el corazón de nuestros parajes para catalogar la biodiversidad fúngica en su expresión más artística. No buscamos solo lo que se come, sino lo que nos maravilla. A través de la fotografía, descubrimos que cada tronco caído y cada rincón de musgo es, en realidad, un museo de arte natural. Para este viaje contamos con la colaboración de un reconocido micólogo de nuestra provincia.
Hay personas que miran el campo y personas que saben leerlo. Felipe Alonso Garrido (Mahíde, 1958) pertenece a estas últimas. Su vida ha estado ligada al paisaje alistano desde sus días de pastor en el Colegio Familiar Rural de Mahíde, donde su curiosidad innata le llevó a crear su primer herbario mientras cuidaba de las ovejas.
Su trayectoria es la de un guardián de nuestra naturaleza: guarda forestal en la Alta Sanabria, ayudante facultativo en el Servicio Territorial de Agricultura durante más de tres décadas y miembro activo de AMIZA (Asociación Micológica Zamorana).
Pero es con su jubilación donde Felipe ha perfeccionado su mayor talento: la fotografía micológica. Con la precisión de un experto y la paciencia de un artista, captura especies que pasan desapercibidas para el resto, compartiendo su saber en charlas, rutas y redes sociales especializadas.
Su vínculo con Nuez: La sangre de Nuez corre por sus venas a través de su trastarabuelo, Baltasar Calveche Bermejo, natural de Nuez a finales del siglo XVIII. Hoy, Felipe regresa a los parajes de sus ancestros para poner nombre y rostro a los hongos que habitan nuestra tierra.
A través de su cámara y su conocimiento, Felipe nos presentan diferentes especies de setas y hongos con fotografías tomadas exclusivamente en el término de Nuez. De cada ejemplar, se incluye una ficha con el nombre de la especie, el paraje exacto del hallazgo, la fecha de la toma y un apunte descriptivo que nos ayudará a comprender las características y el hábitat de estos fascinantes organismos.
Es importante señalar que este Cuaderno Micológico es un archivo vivo: se irá completando de forma progresiva a medida que la estacionalidad y las condiciones climatológicas de cada época del año favorezcan el desarrollo de las distintas especies en nuestros campos y montes.
Sobre hojas caídas de olivo.
Fuente Villa (Nuez, enero de 2026).
Muy pequeñita. Sombrero de poco más de 2mm, semiesférico, con tendencia a aplanarse con la edad, acanalado, con forma de paracaídas, Láminas escasas, muy separadas. Pie muy largo y fino con relación al sombrero, de color casi negro, más claro en la parte superior. Fructifica sobre hojas caídas de olivo siempre que tengan humedad mantenida durante algún tiempo.
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Sobre ramita de encina en descomposición.
Barreros (Nuez, enero de 2026).
Pequeño y llamativo ascomiceto con forma de copas de color rojo escarlata. Fructifica en los meses de invierno aguantando sin problemas las inclemencias invernales. Podemos verlo en lugares muy húmedos sobre pequeñas ramitas de negrillo, generalmente semienterradas, aunque es común encontrarlo también sobre restos de ramas de otras especies, como la encina, álamo, etc. Es bastante frecuente. Carece de interés culinario.
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Entre musgos, bajo encinar joven.
La Centinela (Nuez, enero de 2026).
Esta seta presenta una o varias formaciones agrupadas de aspecto coraloide, color blanquecino y superficie rugosa. Crece en zonas musgosas en bosques de coníferas o frondosas, tanto en otoño como a lo largo del invierno.
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En madera muerta de encina.
Barreros (Nuez, enero de 2026).
Presenta formas a modo de pliegues irregulares de color amarillo-dorado y de aspecto gelatinoso. Crece sobre tocones y ramas caídas de frondosas de roble y encina, aunque puede verse también sobre madera de otras especies o de restos de matorral arbustivo. A simple vista es idéntica a otra especie del mismo género: la Tremella mesentérica. Ambas especies son parásitas de otros hongos, y la presencia junto a ellas del hongo al que parasitan determinará su identificación. La T. aurantia parasita sobre Stereum hirsutum y la T. mesenterica sobre Peniophora quercina. Puede verse durante todo el año, siendo más visible en épocas de mucha humedad.
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Sobre corteza viva de encinas y robles.
Barreros (Nuez, enero de 2026).
Formaciones externamente resupinadas, de color marrón-crema y ligeramente zonadas, irregulares, adheridas a la corteza viva de viejos robles y encinas. Parte inferior endurecida, lisa, de color blancuzco o grisáceo, agrietada con la edad. Muy común, persistente.
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En zonas musgosas con encinas, jaras y cantuesos
El Fundalón (Nuez, febrero de 2026).
Pequeña seta con sombrero marrón-rojizo y margen estriado, de poco más de un centímetro. Primaveral, bastante común en suelos ácidos pobres en nutrientes, musgosos, superficiales y ligeros. Láminas ventrudas, adherentes y obscuras. Pie con restos de velo pegados en la parte superior. Hasta hace poco tiempo perteneció al género Psilocybe, pero recientes estudios han demostrado que no contiene psilocibina ni compuestos alucinógenos similares. Fructifica casi siempre entre determinados musgos y es posible que forme micorrizas con ellos.
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Bajo jaras.
El Gejo (Nuez, febrero de 2026).
Entoloma invernal bajo jaras, muy afectado por las heladas. Sombrero acampanado, con mamelón bien definido. Cutícula sedosa, brillante, higrófana. Láminas grises, con tonos rosados. Especie tóxica.
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Monte mixto de jaras y pinos
El Gejo (Nuez, febrero de 2026).
Seta de 5 a 12 cm, con forma de clavo, de colores anaranjados y rojizos, brillante, viscosa con humedad. Margen enrollado con restos de cortina unidos al pie en ejemplares jóvenes. Láminas, separadas, muy decurrentes, del mismo color que el sombrero. Carne amarillo anaranjado. Pie atenuado hacia la base. Los ejemplares de la foto estaban entre jaras, pero con pinos al lado.
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Bajo encinas y jaras.
La Tijuguera (Nuez, febrero de 2026).
Su nombre científico define sus características: “estrella de tierra que mide la humedad”. Inicialmente crece semienterrado y tiene forma más o menos esférica. Cuando madura, la capa externa forma una estrella de entre 5 y 12 puntas o brazos (lacinias), que se abre cuando hay humedad y se cierra en tiempo seco formando una pequeña bolita que el viento hace rodar por el entorno esparciendo sus esporas. En el centro, una capa membranosa y de forma globosa protege la gleba donde se forman las esporas. Cuando las esporas están maduras, la gleba se torna polvorienta de color marrón y la membrana se desgarra irregularmente en el centro superior permitiendo su dispersión por la acción del viento, la lluvia o por los golpes recibidos por el desplazamiento de animales o personas. Muy abundante en jarales, donde pueden verse ejemplares de distintas temporadas.
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En monte de encinas, jaras y cantuesos
El Fundalón (Nuez, febrero de 2026).
Sombrero negro azabache, formado por pliegues irregulares prácticamente pegados al suelo con un pie muy corto de color blanquecino y surcado longitudinalmente. Bastante frecuente de finales de invierno y en primavera. Prefiere suelos someros, poco fértiles, con presencia de jaras, tomillos y cantuesos. Me han comentado algunos pastores que la consumían, supongo que tras una larga cocción o secado previo.
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En monte de encinas, jaras y cantuesos
El Fundalón (Nuez, febrero de 2026).
Con un poco de imaginación podría parecer la casa encantada de la bruja del bosque, con su puertecita, su tejado y su chimenea, pero no, se trata de uno de los ascomicetos primaverales más abundantes de nuestros montes, conocidos por “orejas de gato”. Es fácil encontrarlo en suelos ligeros y poco profundos, entre encinas, jaras, tomillos y cantuesos. Pie claramente surcado, y sombrero con forma típica de silla de montar, irregular, de color negruzco.
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En monte de encinas, jaras y cantuesos
El Fundalón (Nuez, febrero de 2026).
Una seta muy frecuente que podemos encontrar en hábitats muy diversos y casi en cualquier época del año, aunque es más abundante durante el otoño tardío y el invierno, resistiendo bastante bien las fuertes heladas. Sombrero pardo-rojizo, hemisférico de joven con tendencia a aplanarse, deprimido con la edad, margen estriado y ondulado. Láminas rosáceas. Pie concoloro con el sombrero, fibroso.
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Sobre talud de tierra con musgo, bajo encinas y jaras.
Barreros (Nuez, marzo de 2026).
Pequeño ascomiceto con forma de copa de 0,5 a 3 cm de diámetro de color crema-blancuzco. Pie rudimentario o ausente. La superficie exterior recubierta de finos gránulos de aspecto sedoso-aterciopelado. El borde de la copa aparece con un dentado almenado. Carne frágil, quebradiza.
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Sobre ramitas secas asentadas en suelo con humedad
Las Mayadinas (Nuez, marzo de 2026).
Pequeñas copas casi aplanadas de 2 a 4 mm de diámetro asentadas sobre las ramitas de Cupressus de color amarillo-anaranjado. Las de la foto crecían sobre ramas y restos de poda de cipreses situados en los accesos al cementerio de Nuez.
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En monte mixto de encinas y pinos.
Barreros (Nuez, marzo de 2026).
Curioso ascomiceto de aspecto gelatinoso difícil de ver por su pequeño tamaño, y coloración semejante al entorno donde se desarrolla, generalmente entre musgos o restos de madera descompuesta. Sombrero en forma de cabeza redondeada, irregular, con abolladuras, de color verde-oliváceo. Pie cilíndrico, aunque también suele presentarse algo aplanado o surcado longitudinalmente, de tonalidades parecidas al sombrero, ligeramente más claro. Por nuestra zona suele fructificar durante todo el invierno, sobre todo en los muy lluviosos. Los ejemplares de la foto estaban bajo encinas y pinos. Se ha descrito como especie saprofita, pero se ha comprobado que también puede formar micorrizas.
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Entre musgos bajo encinas.
Barreros (Nuez, marzo de 2026).
Hongo entomopatógeno y como tal, interactúa en el ciclo vital de un insecto. En este caso sobre la procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa). Cuando las larvas entran en contacto con las esporas del hongo comienza el proceso de parasitación, que se completará tras enterrarse las orugas en el suelo para pasar a la fase de crisálida. El ciclo vital del insecto queda interrumpido con el desarrollo del micelio a expensas de la pupa. Las fructificaciones crecen hacia el exterior del sustrato en forma de lanza anaranjada con finas granulaciones, sobresaliendo unos centímetros sobre el musgo. Normalmente se desarrolla entre el musgo y mantillo de acículas de pino, sin embargo, el ejemplar de la foto estaba en una zona de encinas, relativamente lejos de un pinar.
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Bajo negrillos
Urrieta Cueva (Nuez, abril de 2026).
Esta seta es fácil de encontrar en primavera fructificando bajo los sotos de negrillo (Ulmus minor). El color de la cutícula es gris-ocráceo con reflejos metálicos. Las láminas son rosáceas, sobre todo en ejemplares adultos. Olor y sabor farináceo.
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Sobre tronco de salguera viva
Urrieta Cueva (Nuez, abril de 2026).
Esta especie puede perdurar varios años fuertemente adherido sobre los troncos de diversos árboles de ribera, siendo muy común en la zona sobre salguera. Crece con forma de repisa sumando capas sucesivas y llega a tener tamaños de más de 30 cm con los años. Las partes más envejecidas presenta colores gris-obscuro, casi negro, y con tendencia a agrietarse. El himenio presenta tubos cortos que terminan en pequeños poros redondos de color ocre con tendencia a enrojecer con la edad. Es un hongo inicialmente parásito que produce podredumbre blanca degradando la lignina y debilitando fuertemente al árbol parasitado, actuando posteriormente como saprófito.
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En pradera bajo espino albar.
Urrieta Cueva (Nuez, abril de 2026).
Pequeña seta con sombrero de 1 a 1,5 cm de diámetro, de color blanquecino-amarillento, algo estriado en el borde. Pie concoloro con la cutícula, de 2 a 3 cm de alto algo más grueso en la zona superior. Láminas beige. Carne muy escasa. Crece entre la hierba, en grupos, bajo espino albar.
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Sobre madera de chopo semi-enterrada
Urrieta Cueva (Nuez, abril de 2026).
Crece en cualquier época, si se dan las condiciones de humedad abundante, sobre madera muy descompuesta de frondosas. El sombrero, al principio tiene forma ovalada y a medida que madura pasa de acampanado a extendido, estando la superficie de la cutícula salpicada de pequeñas granulaciones blanquecinas. Las láminas se van tornando negruzcas al madurar, al igual que las demás especies del género. Es frecuente encontrarlo entre abundante micelio afelpado de color marrón-rojizo denominado ozonium.
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Sobre la madera deteriorada de un palé
Fuente de Ricasenda (Nuez, abril de 2026).
Los cuerpos fructíferos de este pequeño hongo suelen medir en torno a medio centímetro y tienen forma de vaso. Inicialmente, aparecen cerrados por la parte superior por una tapa de color marrón-amarillenta, asemejándose a diminutas madalenas. Cuando madura, la tapa desaparece y deja al descubierto alrededor de una docena de pequeños recipientes lenticulares (peridiolos) aparentando los huevos de un nido, razón por la que suele denominarse “nido de pájaro”, y que contienen en su interior las esporas. Al quedar expuestos a la intemperie, las gotas de lluvia, al caer sobre “el nido” se encargan de dispersar los receptáculos de esporas sobre restos de madera del entorno, quedando garantizada su pervivencia.
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Sobre ramas de cerezo en descomposición.
Parque de Los Pozos (Nuez, abril de 2026).
Crece sobre todo en primavera, sobre madera de frondosas. Muy frecuente sobre ramas caídas de encina, roble o chopo. Sombreros de 3 a 6 cm, aplanados, deprimidos en el centro. Cutícula marrón-grisácea, escamosa y con abundantes pelos, muy evidentes en el borde. Pie concoloro con el sombrero. Himenio formado por tubos, algo decurrentes. Poros angulosos, más pequeños y densos hacia el exterior.
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Sobre madera de pino
EBarreros (Nuez, mayo de 2026).
Este hongo es de los denominados yesqueros y fructifica generalmente sobre troncos de madera de pino. Produce podredumbre parda degradando y descomponiendo la celulosa, comportándose como parásito en árboles vivos, y como saprófito una vez que el árbol ha muerto. Crece en forma de repisa, con el himenio formado por tubos y poros de color grisáceo. El borde es amarillo-anaranjado y cada año forma un anillo, pudiendo perdurar varios años sobre la madera. El ejemplar de la foto era muy joven y no se aprecian bien sus características.
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Bajo robles y castaños.
Cabeza Buey (Nuez, mayo de 2026).
Sombreros de 5 a 15 cm de diámetro, inicialmente convexo con tendencia a aplanarse y con el centro deprimido con la edad. Cutícula separable de colores muy variables, predominando el azul-morado pero con muchísimas combinaciones con amarillo, rosa, gris, verde, etc. Láminas blancas y lardáceas (como grasientas al tacto). Carne blanca de sabor agradable, como a frutos secos. Es una especie bastante abundante bajo castaños y robledal. Excelente comestible. Los ejemplares maduros suelen estar agusanados.
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Bajo castaños.
Cabeza Buey (Nuez, mayo de 2026).
Cutícula seca, aterciopelada de color marrón claro con tonos amarillentos. El himenio está formado por tubos que terminan en poros angulosos de color amarillo con tendencia a azulear ligeramente al roce. Pie con costillas bien marcadas sobretodo en la parte superior. Carne amarillo-ocreácea. Suele ser bastante común, fructificando bajo robles y castaños tanto en primavera como en otoño.
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Bajo robles y castaños.
Cabeza Buey (Nuez, mayo de 2026).
Una seta muy común y en ocasiones muy abundante, puede aparecer en cualquier época del año y en muy diversos hábitats. Aunque es muy variable en cuanto a las tonalidades de fondo del sombrero la característica común y que la define son los tonos vinosos que aparecen en las zonas dañadas por cortes o rozaduras, especialmente en la base del pie. Como las demás especies del género Amanita la esporada es blanca. El sombrero está salpicado de placas algodonosas vinoso-grisáceas, nunca blanco puro. Anillo estriado y membranoso. El pie es engrosado, napiforme. Volva frágil, a modo de escamas concéntricas. Esta seta contiene sustancias tóxicas termolábiles (hemolisinas), que desaparecen con la cocción.
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