Desde Raíces y Memorias de Nuez, entendemos que nuestro legado no se limita a las piedras de nuestras casas o a los relatos de nuestros mayores; reside, con la misma fuerza, en el entorno que ha forjado nuestra identidad. Durante siglos, el patrimonio natural de Nuez ha sido el sustento de nuestra historia, moldeando desde las faenas cotidianas hasta nuestras tradiciones más profundas. Poner en valor este rincón zamorano es, por tanto, un acto de justicia con un pasado donde el vecino siempre supo respetar los ritmos de la tierra.
Nuez de Aliste se alza como una encrucijada vital donde se funden las influencias de grandes espacios naturales protegidos. Esta "biodiversidad sin fronteras" nos convierte en guardianes de un ecosistema único en Europa, reconocido internacionalmente. Entender la complejidad de nuestros montes, el fluir constante de nuestros ríos y la presencia silenciosa de nuestra fauna es, en última instancia, entender nuestra propia esencia.
Conservar este equilibrio es nuestra responsabilidad y nuestro mayor orgullo. Solo así garantizaremos que las próximas generaciones puedan seguir descifrando el lenguaje de la naturaleza alistana: desde el imponente aullido del lobo en la distancia hasta el rumor del viento meciendo los castaños que, desde hace siglos, custodian la frontera.
Nuez de Aliste late en el corazón de un ecosistema donde la naturaleza ignora las fronteras. Nuestra tierra se integra en la Reserva de la Biosfera Transfronteriza Meseta Ibérica, el espacio protegido más extenso de la Unión Europea avalado por la UNESCO. Somos, además, un corredor ecológico estratégico: el puente natural donde convergen tres santuarios de biodiversidad únicos en la Península Ibérica, como son la Sierra de la Culebra, el Parque Natural de Montesinho y los Arribes del Duero.
El gran refugio del lobo ibérico y del ciervo, cuya influencia define nuestro paisaje de monte y bosque.
La frescura de la montaña portuguesa, con sus valles profundos y sus castañares centenarios.
El profundo y abrupto valle del Duero que, por su cercanía, enriquece nuestra fauna con aves rapaces y marcan el límite meridional de nuestra comarca.
La vegetación de Nuez es un mosaico único donde se funden mundos diferentes. Debido a nuestra ubicación estratégica y a nuestro característico relieve, los bosques de la Raya no son uniformes: mientras en las laderas umbrías domina el roble, en las zonas más frescas se refugia el castaño y, en los afloramientos rocosos más expuestos al sol, prospera la encina. Esta convivencia de especies de montaña y mediterráneas es, precisamente, lo que convierte a nuestro término en un escenario botánico excepcional.
Más allá de los bosques, la identidad visual de Nuez la definen sus matorrales mediterráneos y de montaña, esenciales para el refugio de la fauna; son los que definen el color, el olor y la textura del paisaje alistano durante la mayor parte del año.
El roble es el árbol más emblemático de Aliste. Adaptado a los inviernos crudos, sus bosques ofrecen refugio al lobo y al ciervo. Su hoja marcescente aguanta seca en la rama hasta la primavera, tiñendo nuestros montes de un bronce eterno durante el frío.
Bajo la la influencia de Montesinho, los castaños se refugian en las laderas más frescas de Nuez. Muchos son ejemplares centenarios que, además de ser pilares de la economía tradicional, forman un ecosistema propio que sostiene a una gran variedad de insectos y aves.
La presencia de la encina o carrasca es el testimonio vivo del microclima de algunos de nuestro rincones. En las laderas más cálidas y rocosas, la encina sustituye al roble, aportando su perenne verde oscuro y sus bellotas, fundamentales para la fauna silvestre en los periodos de escasez.
En primavera, el blanco domina el paisaje de Nuez. Mientras la jara pringosa perfuma las laderas soleadas con su aroma a resina, el espino blanco estalla en flor en linderos y riberas.
En las zonas más altas y frescas, el brezo y el tomillo tiñen el paisaje de morados y rosas, siendo una fuente vital para la excelente miel de la zona.
El paisaje de Nuez no se entiende sin sus escobas y carqueixas, con su explosión de flores amarillas, han sido históricamente aliadas del hombre en las tareas tradicionales del hogar y el campo.
Cuando llegan las lluvias de otoño, el monte de Nuez despierta en una explosión de vida silenciosa. Nuestra diversidad de hábitats —desde los sombríos robledales hasta los jarales soleados— convierte a nuestro término en un paraíso para la micología, atrayendo tanto a científicos como a recolectores tradicionales.
Los Boletus son los reyes de nuestros rebollares y castañares. Especies como el Boletus edulis encuentran en los suelos ácidos de Nuez el entorno perfecto para crecer. Su recolección es ya una tradición que pone en valor la riqueza gastronómica de nuestra tierra.
El níscalo encuentra su hogar en los pinares de Nuez, mientras que la apreciada Amanita caesarea prefiere el refugio de los robledales y las zonas de matorral soleado. Ambos aprovechan la protección de jarales y linderos para brotar con fuerza tras las lluvias.
El roquete o cucumillo (Macrolepiota), de porte elegante y gran tamaño, es una de las más reconocidas y recolectadas por los vecinos, simbolizando la generosidad de la naturaleza alistana en los meses de otoño.
El agua es el arquitecto del paisaje de Nuez. A través del Río Manzanas y su red de afluentes, se articula un ecosistema fluvial de pureza excepcional, reconocido por la Unión Europea por su altísimo valor ecológico. Estas corrientes no solo son fronteras naturales, sino arterias que llevan la vida a cada rincón de nuestro término y parte fundamental de nuestro patrimonio natural y cultural.
El Manzanas es un río internacional que actúa como columna vertebral de la biodiversidad rayana. Declarado Lugar de Importancia Comunitaria (LIC), sus orillas albergan alisedas conformando bosques de galería vírgenes que sirven de refugio a especies tan valiosas y exigentes con la calidad del agua como la nutria y el desmán ibérico.
Pequeños cauces atraviesan el término de Nuez, moldeando su relieve y su paisaje natural con su bosques galería. A pesar de su estacionalidad, su importancia es vital, actuando como corredores ecológicos secundarios y permaneciendo como hábitat crítico para anfibios y flora de ribera.
Nuez es uno de los pocos lugares de Europa donde la fauna salvaje aún reina en libertad. Nuestra ubicación entre la Sierra de la Culebra y Montesinho nos convierte en un observatorio privilegiado, donde especies emblemáticas encuentran el refugio y el alimento necesarios. Aquí, el silencio del monte solo se rompe por el aullido, la berrea o el batir de alas de las grandes aves.
Somos territorio del lobo. Nuez se sitúa en una de las zonas con mayor densidad de esta especie en la península. Más que un depredador, el lobo es un símbolo de la cultura alistana y una pieza clave para el equilibrio del ecosistema, manteniendo sanas las poblaciones de otras especies.
El ciervo es el dueño de los montes de Aliste. Famosos por su gran porte, estos animales ofrecen cada otoño el espectáculo de la berrea, cuyos ecos se escuchan con fuerza en el término de Nuez. Junto a ellos, el corzo y el jabalí completan la comunidad de grandes mamíferos.
La pureza de nuestro entorno atrae a aves de altísimo valor ecológico. La esquiva Cigüeña Negra encuentra en nuestras riberas el lugar perfecto para alimentarse y nidificar. Junto a ella, grandes rapaces como el Águila Real vigilan nuestros valles desde el cielo.
El patrimonio natural de Nuez es tan diverso que requiere una mirada atenta para ser comprendido en su totalidad. Cada especie, cada bosque y cada arroyo cumple una función vital en el equilibrio de este ecosistema transfronterizo.
A través de las siguientes secciones, te invitamos a profundizar en el conocimiento de nuestra biodiversidad. Desde la catalogación de nuestra flora hasta el seguimiento de la fauna silvestre, este espacio se irá ampliando con contenidos específicos para documentar con rigor la riqueza biológica que define a nuestra tierra y la importancia de conservar cada uno de sus hábitats.